La lucha contra la corrupción en Ecuador ha quedado reducida a un ejercicio de retórica vacía mientras los casos emblemáticos se estancan en los pasillos judiciales. La falta de celeridad en los procesos no solo debilita el Estado de Derecho, sino que profundiza la desesperanza de una ciudadanía que observa cómo los responsables de desfalcos y tramas de poder eluden las consecuencias legales.
Sobre esta parálisis institucional, diversos sectores de la sociedad civil han alzado su voz para denunciar que "la lucha contra la corrupción no puede ser solo un discurso de campaña". Esta exigencia subraya la urgencia de romper el ciclo de inacción que ha permitido que los expedientes más graves se archiven o se diluyan en un sistema judicial cuestionado por su falta de independencia.
La intromisión de intereses partidistas en los órganos de control es el principal obstáculo para recuperar la institucionalidad. Mientras la política se prioriza sobre la ética pública, el ciudadano común sigue pagando el costo de un país donde la impunidad se ha normalizado, dejando en evidencia que, sin una verdadera depuración, las promesas de transparencia no son más que una burla para la sociedad ecuatoriana.
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Fuente original: Sonorama Nuevo dia