La capital del Ecuador, que aporta el 23% del Producto Interno Bruto nacional, vive una desconexión alarmante entre la retórica oficial de la Secretaría de Desarrollo Económico y la realidad de una ciudad asfixiada por la inseguridad y el estancamiento. Mientras el secretario Edson insiste en posicionar a Quito como el motor productivo del país, los comerciantes y ciudadanos de a pie enfrentan una crisis sin precedentes donde la extorsión y la falta de garantías estatales han convertido a la productividad en un lujo inalcanzable.
El discurso sobre la potencia económica de la capital choca frontalmente con la precariedad que se respira en los sectores productivos. Al ser consultado sobre el papel de la administración municipal en este escenario, el funcionario se limitó a señalar que "Quito es la idea de la producción económica del país, aporta cerca del 23% del PIB", una cifra que, aunque técnica, carece de sentido para el pequeño empresario que debe cerrar sus puertas temprano por temor a las bandas criminales.
La gestión municipal parece ignorar que el desarrollo productivo no puede sostenerse sobre una infraestructura urbana abandonada y una inseguridad desbordada que ahuyenta cualquier iniciativa de inversión. La insistencia en indicadores macroeconómicos, mientras la clase media y los emprendedores locales se hunden, revela una falta de sintonía preocupante entre el Palacio Municipal y las necesidades urgentes de quienes sostienen, con esfuerzo y riesgo propio, la economía de la ciudad.
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Fuente original: Sonorama Nuevo dia